viernes, 22 de mayo de 2020

Cómo administrar tus ingresos


Si la semana pasada nos enfocamos en hablar de cómo salir de las deudas, ahora llegó el momento del siguiente paso; cómo construir una base sólida de ahorros que nos permita invertir en nuestro futuro.

Para comenzar, hay que entender que no hay una fórmula mágica (a pesar de que un día leí un libro sobre inversiones bursátiles llamado “La fórmula mágica”) ni para ahorrar, ni para invertir. La regla, como diría Disney, es que no hay reglas.

El motivo por el que no debería haber reglas es que lo importante en realidad es definir lo que buscamos, definir los objetivos más que un sistema. ¿De qué sirve un sistema que nos reditúe dentro de cinco años si necesitamos el dinero dentro de dos? Por eso, los resultados serán asumidos de acuerdo con los gustos y necesidades de cada uno.

Sin embargo, y a pesar de las diferencias que se puedan suscitar en función de los objetivos, podemos citar algunos tips o ayudas que desarrollaremos a continuación.

Como primera medida, tenemos que tener en mente la idea de construir un patrimonio propio, de no trabajar sólo para vivir el día. Esta iniciativa nos llevará a construir la cultura del ahorro, tan difícil de instalar para muchos.

Mientras el mundo nos invita a consumir, ya sea con el sistema de las tarjetas de crédito o las diversas formas de financiación para adquirir autos, viajes o ciertos productos de altos montos que, lo único que logran, no es sólo que paguemos más caro por ellos, si no también que nos quiten capacidad de ahorro.

Si tenemos la capacidad en cuotas de la tarjeta de crédito saturada, puede ser que no tengamos problemas de deudas (si se gana más de lo que se debe), pero de todos modos, no tendremos ahorro que, como se ha dicho muchas veces, es la base de la fortuna.

Es muy importante tener en cuenta que no se trata tanto de cuánto se gana, si no más bien de cómo se gasta. Si asumimos realmente el salario que percibimos, podremos planificar una forma de vida acorde.

Una vez más, al analizar esta cuestión, caemos en el problema del consumo; lamentablemente todas las personas no pueden vivir de la misma manera (al menos en el sistema capitalista), pero a muchos les cuesta asumir eso.

Y de allí se desprenden las primeras preguntas que debemos hacernos (en lo posible, antes de endeudarnos y asumir los compromisos de pago):

-Me gusta este departamento pero, ¿Puedo pagar un alquiler así o tendré que buscar uno más barato?

-Me encantaría tener un auto pero, ¿Realmente lo necesito o me puedo seguir moviendo en transporte público?



Así podríamos enumerar cientos de preguntas sobre nuestro consumo y forma de vida, que deberíamos hacernos una y otra vez.

 

ALGUNOS CONSEJOS PARA ADMINISTRAR NUESTROS INGRESOS

Lo primero en lo que debemos enfocarnos, es en los gastos fijos. Estos gastos son los que vienen en forma similar todos los meses, aunque varíen un poco como lo puede hacer un servicio (como la luz o el gas), o la nafta.

En este listado incluiremos gastos como el alquiler, expensas, impuestos, servicios, telefonía, telefonía celular, servicio doméstico, lavadero, cuota del colegio/universidad, membresía de un club o gimnasio y obra social, entre otros.

 También en este listado incluiremos los gastos de transportes, pero solo de aquella movilidad del día a día, porque las vacaciones deberían ser consideradas como un gasto extraordinario.

En algunos gastos, se pueden incluir sub gastos fijos, como por ejemplo, en el caso de un auto podrían ser, la nafta, seguro, cuota (si es un vehículo prendado) y el mantenimiento.

En fin, el listado de gastos fijos es, posiblemente el más importante, ya que es aquel que condiciona nuestro nivel de vida y nuestra forma de consumir. De este listado, se desprende todo aquello que consideremos innecesario y que de suprimirse, podría contribuir en mejorar nuestra capacidad de consumo.

No hay límites para establecer qué queremos considerar como un gasto fijo, porque el argumento está basado en la subjetividad: después de todo nadie está obligado a tener un auto o a alquilar. Por eso, quizás alguien pretenda comprarse una camisa por mes y, si es así, pues entonces deberá ponerlo en el listado de los gastos fijos.

Entonces, entendemos que también es fundamental que la palabra “austeridad” forme parte de nuestro ABC.

Es importante, cuando llevamos una administración enfocada al ahorro, que los gastos fijos tengan un límite económico, y allí se va a ver verdaderamente la vocación de ahorro e inversión de cada uno.

En mi opinión, los gastos fijos deben representar el cincuenta por ciento de nuestros ingresos, y allí se define el nivel de vida de acuerdo a nuestro salario. Porque si ganamos $50.000, no podremos, lógicamente alquilar un departamento por el valor de $40.000. A pesar de que técnicamente lo podremos pagar, vamos a vivir en un lugar sin muebles, ni comida siquiera.

Una vez que consideramos que nuestros gastos fijos no deben superar un porcentaje determinado (reitero que recomiendo el cincuenta por ciento), debemos establecer un porcentaje mensual para el ahorro, algunos hablan de entre diez y quince por ciento, pero en mi caso recomiendo ir por el veinte.

Elijamos el porcentaje que elijamos, lo importante es respetarlo tanto como los gastos fijos. Una buena manera de obligarse a hacerlo es, si es necesario en la lucha contra nuestro inconsciente consumista, abrir una caja de ahorro a la que se transferirá este monto.

Lo importante es cumplir, como si se tratara de un impuesto o un servicio, al cobrar el salario, separamos el ahorro. Así de sencillo como de complicado.

Otra cuestión interesante a considerar es que cuando hablamos de ahorro, no nos referimos a juntar dinero para comprar un producto, estamos hablando de la creación de un patrimonio. Creación que no se debería abandonar nunca, una vez asumido el compromiso.

Por último hablaremos del treinta por ciento (o el porcentaje que consideremos) restante, es allí donde se encuentran los gastos variables. Todos esos gastos que no encontramos todos los meses: regalos, ropa, cine, salidas, etcétera.

Tomemos una especial atención a las cuotas en las tarjetas de crédito. Es interesante que las compras en cuotas entren en el rubro Gastos Variables, ya que al limitarnos nuestra capacidad de consumo variable, nos llevarán inconscientemente a reducir nuestros consumos en cuotas.

Por ende, lo más importante es no “tocar” el porcentaje de ahorro, ya que es el que nos llevará a la construcción de un patrimonio.



Observemos que si nos proponemos de forma metódica ahorrar el veinte por ciento de nuestro salario, en un año estaríamos destinando al ahorro más de dos sueldos enteros.

Si nos preguntáramos, ¿Estoy dispuesto a trabajar todo enero y febrero pero empezar a cobrar recién a mediados de marzo? Probablemente la respuesta sea “no”, pero hecho en una forma gradual y metódica, se hace mucho más factible de llevar a cabo.

Una vez que tenemos nuestros ahorros, que se van acumulando mes a mes, también pasa a ser de suma relevancia que no nos dejemos llevar por los anuncios que nos prometen grandes fortunas con bajas inversiones. Lamentamos informar que eso no existe.

No viene al caso estudiar ese tema en este artículo pero, básicamente, si alguien nos dice que invirtiendo diez dólares en un año podemos ganar diez mil, probablemente nos esté mintiendo.

No digo que no podamos ganarnos el Quini 6, si no que no lo debemos utilizar como una inversión, porque lo más probable es que no ganemos.

Para invertir debemos tener mucha paciencia, y buscar rendimientos realistas, no nos vamos a hacer millonarios de la noche a la mañana. Si queremos invertir en obligaciones negociables, metales, acciones, etcétera, el objetivo debe ser simplemente ganarle al plazo fijo, a la inflación y a la devaluación de nuestra moneda. Si buscamos hacernos millonarios, probablemente terminemos perdiendo plata.

Está bien arriesgar, pero hay que saber hacerlo, y tener convicción sobre el instrumento en el que se está invirtiendo (estudiando y trabajando mucho), ¿por qué? Porque los instrumentos de Renta Variable a veces operan a la baja y, si no sabemos lo que estamos haciendo, posiblemente vendamos cuando no se debería hacerlo. No hay soluciones mágicas, no nos engañemos.

Si no queremos estudiar y trabajar (en forma apasionada, creo que es la única manera de hacerlo), entonces lo mejor siempre serán los ahorros en instrumentos como el plazo fijo (depende el país y el momento) y la seguridad del dólar (no tan seguro ahora, pero más que otras monedas).

 

En fin, lo que planteamos en este artículo no es ni más ni menos que la conocida regla de administración de los ingresos de 50/30/20, con la diferencia de que entendemos que no toda la gente tiene la misma capacidad analítica para ponerse a administrar en detalle, aunque consideramos que es la mejor manera.

Una frase que nadie debería sacarse de su cabeza es que tenemos que cuidar los gastos chicos, porque los grandes se cuidan solos.

Es así, que algunos optan directamente por modificar la regla hacia 80/20, es decir, ahorro y consumo. No está mal, pero creo que distorsiona un poco cómo queremos que sea nuestra forma de consumir, ya que no es lo mismo una compra de forma esporádica que una que se hace todos los meses.

Entonces, llegamos a la conclusión de que lo más importante es fijarnos los objetivos y trabajar todos los días para cumplirlos.

La intención del presente artículo es la de complementar al publicado la semana pasada, en el que brindamos algunos tips para salir del ahogamiento de las deudas.

Espero que sea de ayuda para muchos.

 

Artículo escrito por Francisco Cardinali


1 comentario:

  1. Muy bueno!!!!! Ahora a ver si mis gastos cumplen con esos porcentajes....

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