viernes, 15 de mayo de 2020

Cómo salir de tus deudas personales.

Llega fin de mes y no sabemos cómo pagar las deudas. La tarjeta explota y el salario no alcanza, entonces acudimos a la refinanciación, tan útil para respirar por treinta días más, pero, poco a poco, esta nos va quitando la vida.

La vida del endeudado es así, “pan para hoy y hambre para mañana”. Es tan así que muchas personas en la historia de la humanidad se han quitado la vida por este motivo.

Sin ir más lejos, entre los años 2008 y 2010, se contabilizaron los suicidios por pérdidas de empleos y deudas, y llegaron a los diez mil.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), los países que presentan más incrementos de suicidios son Letonia e Irlanda, con incremento de 16 y 17 por ciento respectivamente, en el período citado, y son atribuidos a la crisis del 2008.

Los estudios que sustentan estas estadísticas aseguran que el problema no es el desempleo en sí, si no el endeudamiento que se genera a raíz de la indeterminación del desempleo.

Si el dinero le trae bienestar y calidad de vida a la humanidad, entonces las deudas le producen todo lo contrario.

A decir verdad, considero que el primero error en el que incurren casi todos es ese: el dinero no puede traer felicidad. La felicidad pasa por otro lado. Si se asume esto, se puede dar el puntapié inicial para tener una vida financiera ordenada y librarse de las deudas.

Porque si necesitamos “comprar” la felicidad, podríamos asegurar que no hay salario ni ingreso que aguante. El que necesita un estímulo material para ser feliz, siempre termina mal.

Por estos motivos he decidido dejar algunos tips interesantes (que se me ocurren) para salir de las deudas y llevar una vida personal financiera ordenada.



CÓMO SALIR DE LAS DEUDAS

-Eliminar los créditos: las personas endeudadas suelen tener créditos y no uno, si no muchos. Cuando el consumo se vuelve gigante y se está comprando más de lo que se gana, la situación se termina volviendo insostenible. Porque las personas con este perfil terminan financiando sus deudas con financieras y al final lo único que pagan son intereses.

Esto produce que comiencen otros tipos de deudas, que ya no vienen solo de las compras, si no que ya no pueden siquiera pagar los servicios esenciales. De este modo, empiezan a “saltear” algunos meses como para seguir con vida y que no les corten la luz o el gas, así es como aparecen más intereses para los meses subsiguientes, que complicarán su situación.

-Llevar un registro de nuestros acreedores: si se plantea seriamente la salida del endeudamiento, el registro de los acreedores es de suma importancia, porque entonces se podrán negociar las deudas con cada uno de ellos y analizar de qué manera conviene pagarles. Además, se podrá saber a ciencia cierta cuánto tardaremos en culminar de abonar determinada deuda, por ende, de qué liquidez vamos a disponer y en qué momento.

-Analizar qué porcentaje de nuestros ingresos se derivan al pago de deudas: si no tenemos presente este dato, entonces es probable que, si estamos muy endeudados, nunca podamos salir de esa situación.

Si el nivel de deuda es muy grande en relación a nuestros ingresos y no lo tenemos asumido, se corren grandes riesgos de que los gastos del día a día no se puedan afrontar y terminemos generando un efecto “bola de nieve”, hasta que las deudas se vuelvan impagables.

-No abusar de las refinanciaciones: solamente se las debe utilizar si se logró plantear una salida ordenada de las deudas, si no también terminarán generándonos una “bola de nieve”.

Las refinanciaciones nos brindarán liquidez, pero a cambio de altísimos costos en interés. Si ya nos estamos ahogando, pueden llegar a ser un buen salvavidas, si logramos establecernos un plan de pagos óptimo entre nuestros ingresos, las deudas y los consumos futuros.

-Nunca pagues la tarjeta de crédito con un crédito personal: la tarjeta de crédito, ya es un crédito.

Un buen día (mal día, diría yo), consumimos más de lo que ganamos y no podemos pagarla y así sucesivamente durante algunos meses, total, si pagamos el mínimo la tarjeta va a seguir funcionando.

De este modo, cada vez consumimos más alejados de nuestros ingresos reales, hasta que decidimos refinanciar la tarjeta pero no como un plan elaborado para salir de las deudas, si no para seguir consumiendo.

Una vez más aparece la “bola de nieve”, la tarjeta ya tiene más refinanciaciones que consumos, más intereses que productos comprados, y lo peor: ya no la podemos pagar.

Es entonces cuando aparece la tentación en la que muchos caen, los créditos personales. Craso error, acudir a este tipo de préstamos para pagar la tarjeta. ¡No se paga un crédito con otro crédito! A menos que quieras estar pagando intereses de intereses.

-No pagues sólo el mínimo de la tarjeta de crédito: el mínimo es una trampa mortal. Si pagamos el mínimo durante dos meses seguidos, al tercer mes probablemente la suma se va a hacer tan elevada que ya no la vamos a poder pagar más, la “bola de nieve” nos llevó por delante.

Cuando se dispone de un plan de salida de las deudas, y estamos “limpiando” algunos pagos para luego liquidar la tarjeta de crédito, debemos memorizar: “como mínimo, pagar el doble del mínimo”. Eso nos dará algo de liquidez, para afrontar el plan de salida y luego enfocarnos en la tarjeta que suele ser la principal fuente de muerte del salario.



-Cuidado con el uso de más de una tarjeta: una vez más aparece el mismo problema. Nuestros ingresos mensuales se ven duplicados, triplicados o aún más, por la cantidad de tarjetas que emiten y “regalan” las entidades bancarias.

Tal es así, que una tarjeta puede denegarte el aumento de tus límites por tu nivel de ingresos y sin embargo, el mismo banco te emitirá otra tarjeta duplicando tu capacidad de consumo. No te engañes, tu ingreso es siempre el mismo.

Un buen día por la mañana, te encuentras tomando un café y suena el timbre; es el cartero. Te trajo algo que nunca pediste, una nueva tarjeta de crédito. Sin gastos. Todo gratis. De pronto el banco se volvió benévolo. ¡No! ¡No! ¡No! Esa tarjeta tiene que ir directo a la basura, a menos que tengas la conducta de utilizarla solo dentro de los parámetros de tus ingresos.

-Cuidado con los descuentos de las tarjetas: muchas veces las tarjetas nos ofrecen descuentos (incluso, muy buenos descuentos), o cuotas sin interés para determinados productos.

Si bien quizás sea de utilidad aprovechar estas ofertas y financiaciones (sólo si son sin interés), lo que quiere fomentar la tarjeta es el consumo. En este caso, la pregunta que debemos hacernos es ¿realmente necesitamos este producto? ¿lo íbamos a comprar de todos modos?

Los descuentos llaman al consumidor, quien vicia su necesidad y se “entera” de lo que quiere cuando le aplican un descuento.

-Reduce al máximo tus gastos: si nuestro nivel de endeudamiento es muy elevado, lo mejor es dedicarnos durante un tiempo exclusivamente a ordenar las cuentas, viviendo de la mejor manera posible, pero sin comprometer nuestros compromisos de pago.

-Cuando hagamos una compra, miremos los gastos periféricos: todos quieren tener un auto, y si es cero kilómetro, mejor.

Es que hoy en día, con los Planes de Ahorro los vehículos nuevos se hicieron de fácil acceso, pero, como todo crédito, muy difíciles de pagar.

El auto va a estar en nuestro garage, es verdad, pero el sufrimiento por la variación de la cuota, el seguro prendario, la patente, el combustible y los service oficiales para mantener al día la garantía, van a estar estacionados al lado.

-La calidad de vida no pasa por lo material: si bien es necesario cumplir con las necesidades básicas como se describen en la Pirámide de Maslow, debemos entender que la calidad de vida no tiene que estar dada por el consumo.

No es que esté mal consumir (después de todo el dinero es para eso), si no que las deudas terminan generando un malestar que es peor que lo que se disfrutó con el consumo.

Si bien la “calidad de vida” es subjetiva, una buena recomendación sería disfrutar con lo que se tiene, ni más ni menos.

-No aparentar: un gran vicio del consumidor, querer demostrarles a los demás la pertenencia a cierta clase o status social. Por eso la vestimenta, el auto, el reloj, los viajes y allí, en un rincón, las deudas, que no entienden de clases sociales.

Qué triste cuando el reloj, el auto y la vestimenta terminan en Mercado Libre.

 

-Odiemos las deudas:  quizás solo quienes alguna vez tuvieron problemas por deudas entenderán verdaderamente este concepto. El mayor aprendizaje que se puede obtener de un comportamiento moroso es no volver a tenerlo.

El asedio de los estudios jurídicos reclamando los pagos de cada vez mas acreedores y el fantasma del embargo que no los dejará dormir. Eso sólo se combate con el odio a las deudas, comprendiendo que el consumo es bueno sólo si se lo puede pagar con los ingresos que percibimos, y nunca a crédito.



 

CUÁNDO ES CONVENIENTE ENDEUDARSE

 

Si es para consumir, la respuesta es ¡Nunca!

Sólo es conveniente la deuda cuando se trata de hacer negocios, el consumo siempre se debe realizar con el efectivo que poseemos contante y sonante. Porque incluso, el abuso de las cuotas, así sean sin interés, quizás nos puedan jugar una mala pasada.

Imaginemos que tenemos un trabajo y así mismo la tarjeta de crédito con consumos en cuotas. Perdemos el trabajo, y las cuotas siguen. No eran con interés, pero ahora ya lo son, porque no tenemos con qué pagarlas.

Por eso es aconsejable contar con un fondo de ahorros que nos permita garantizar el pago de esas cuotas en el futuro. Nunca se debe olvidar a la hora de oficiar de consumidores, que si no podemos pagar algo, es porque compramos algo que no podíamos pagar. Aunque parezca obvio el planteo, a la hora de consumir, la mayoría se lo olvida.

Por supuesto que quedan fuera de discusión las deudas que surgen por motivos inesperados, como por ejemplo una asistencia por salud imprevista.

Este tipo de deudas, que en realidad la mayoría de las veces también son evitables, nuestro subconsciente las considera como “inevitables”, porque es más fácil echarle la culpa a Dios o al destino, que asumir los propios errores.

 

Para culminar, este gran avance de salida de las deudas debe ir acompañado de un desarrollo financiero a futuro que analizaremos en los próximos artículos.

 

Artículo escrito por Francisco Cardinali.

 

 


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